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Feminismo Negro

Descolonizando el feminismo

“Es necesario descolonizar el feminismo” es una de las frases que dijo una de las ponentes en el IV Congreso de Feminismo Islámico en Madrid, en octubre de 2010. Y es que, como bien entendemos en el texto, el feminismo occidental no responde a las necesidades reales de las mujeres del Tercer Mundo1, En todo caso este feminismo es blanco, académico y de clase media-alta.

Este tipo de feminismo, que podemos considerar que, en gran parte, tiene un discurso neocolonial con respecto a los Feminismos del Tercer Mundo, a pesar del surgimiento de nuevas corrientes, es muy criticado por pecar a menudo de un paternalismo (o “maternalismo”) con respecto a mujeres de otras realidades culturales y sociales muy diferentes a las que vivimos en Occidente. Esta actitud recuerda a las antes misioneras cristianas salvadoras de las hermanas musulmanas, de las que habla Lila Abu-Lughod (2002): “One can hear uncanny echoes of their virtous goals today, even though the language is secular, the appeals not to Jesus but to human rights or the liberal West.” (p. 789).

Uno de los argumentos del feminismo occidental, es precisamente, que el relativismo cultural no sirve para justificar muchas situaciones que pueden vivir las mujeres de las diferentes culturas. Por supuesto no todo se justifica mediante este relativismo, sobretodo en un mundo interconectado y globalizado como el nuestro, pero sí existen diferencias culturales que hay que tener en cuenta desde esa óptica si no queremos caer en el etnocentrismo. En este sentido, Chandra Talpade (2008) menciona la auto-representación discursiva: existe un discurso constantemente reivindicado que posiciona a las mujeres del Tercer Mundo, como mujeres subordinadas, castas, veladas, etc y la imagen de la mujer occidental como libre, secular y con el control de sus vidas (p.20). Es un discurso, pero no es una realidad: no es necesario irse muy lejos en los países occidentales para ver mujeres con las características que describen las feministas sobre las mujeres no occidentales.

Cuando Betty Friedan escribió la Mística de la Feminidad (1969, citada por bell hooks, 2004, p.33) y denunciaba la situación de las amas de casa blancas norteamericanas, como un grupo homogéneo no tenía en cuenta que esta homogeneidad no existe, ya que la situación de una universitaria blanca norteamericana no es la misma que la de una afroamericana de clase social baja, que trabaja fuera de casa:

“Las mujeres blancas que dominan el discurso feminista, que en su mayoría crean y articulan la teoría feminista, muestran poca o ninguna comprensión de la supremacía blanca como política racial, del impacto psicológico de la clase y del estatus político en un estado racista, sexista y capitalista” (bell hooks, 2004, p.35).

Y este es uno de los aspectos que critica Talpade (2008) en el texto: el hecho de que lo que nos une a todas como el grupo “mujeres” es el de sin poder, explotadas, subordinadas, víctimas, asemejándose cada vez más al discurso sexista de las mujeres como débiles, emotivas, etc, adoptando de esta manera un discurso victimista.

Al homogeneizar el grupo “mujeres” y más concretamente “mujeres africanas”, se crea un distanciamiento de la realidad debido a la gran extensión del continente, la convivencia de miles de etnias y realidades diferentes y los distintos tipos de organización social. Talpade (2008) explica muy bien esta generalización cuando hace referencia al trabajo de Cutrufelli (1983) que afirma que todas las mujeres africanas son económica y políticamente dependientes, dando por hecho esta situación general de las mujeres africanas. Una afirmación bastante atrevida.

Ifi Amadiume (2003), en su texto, explica que esta contraposición entre modernidad y tradición también presenta problemas para las mujeres de África. Las sociedades precoloniales africanas eran más plurales que las postcoloniales. Muchas de las sociedades africanas eran matriarcales y había una especie de “paraguas matriarcal” donde había unos vínculos de solidaridad entre mujeres. El sistema tradicionalmente patriarcal de las sociedades occidentales ha acabado con estos sistemas matriarcales, por lo que resulta muy curioso ver las reivindicaciones del mundo occidental sobre esta cuestión.

El texto de Lila Abu-Lughod (2002), de la guerra contra el terrorismo impulsado por EEUU en Afganistan, explica precisamente cómo Occidente justifica sus acciones mediante, en este caso, la salvación de la población afgana (o de otros países dependiendo la guerra que decida emprender). Las mujeres han sido el símbolo (y la justificación) de esta guerra. La mujer ha sido en África (y en el resto de continentes) una de las principales excusas de los colonialismos, guerras, etc, bajo la excusa de salvarlas de la opresión. Esto viene impulsado por un sentimiento neocolonial e imperialista, y donde estas guerras en nombre de las mujeres son una justificación de una guerra descarnada en la que poco han salido favorecidas las mujeres.

El burka, asunto de candente actualidad, es hoy en día es como signo de opresión de las mujeres. Hay que tener en cuenta que el orígen (muy desconocido) del burka, no fue de los talibanes si no de la etnia de los pashtum y se utilizaba en todo el sudoeste de Asia como símbolo de modestia y respeto y como una línea de separación entre hombre y mujer (Abu-Lughod,2002, p.785). La autora cuestiona el porqué de dejar al descubierto y hacer perder la protección a las mujeres en el espacio público y pone el ejemplo de lo inadecuado de llevar pantalón corto a la ópera en nuestra sociedad. Ella argumenta que la gente lleva la ropa apropiada dependiendo de su comunidad social, pensamientos religiosos e ideas morales. En el mundo occidental la opresión viene de otra manera, como por ejemplo, la Tiranía de la Moda a la que alude. El feminismo occidental a menudo olvida mirar de puertas para adentro para intentar entender los valores de nuestra sociedad, que no dejan indiferentes a las mujeres del Tercer Mundo.

En el caso de las mujeres musulmanas e islámicas, el hecho de agrupar a todas en un grupo homogéneo vuelve a generar un problema. Cada sociedad de ha desarrollado de una manera y la situación de la mujer en Afganistan no es la misma que en Senegal, por tanto, el hablar de la opresión de las mujeres musulmanas en general, es complejo y equivocado en muchos aspectos.

Es por esta necesidad que surgen otros feminismos, como el feminismo islámico, considerado un oxímoron para el feminismo occidental. Éste defiende que el problema de la discriminación hacia las mujeres no es el Islam en sí, si no la interpretación del Corán que ha estado hecha por hombres y sistemas patriarcales. Como dijo Nietzsche “No existen hechos, sólo interpretaciones” , por lo que es importante que estos textos sean interpretados atendiendo la situación social actual que ha cambiado y que las mujeres empiecen a interpretar los textos. Según Juan José Tamayo2, es importante un diálogo entre las distintas tendencias feministas en las religiones para buscar puntos en común y así eliminar el patriarcalismo, el androcentrismo y el fundamentalismo.

Aunque este argumento no sea válido para muchas feministas occidentales, lo cierto es que a menudo se cae en la discriminación que el propio feminismo critica. Mujeres que discriminan a mujeres. En realidad es el mundo occidental el que impone patrones como el capitalismo, que está provocando la feminización de la pobreza. El binomio hombre-mujer que es el que va a definir ya desde el principio como opresor-oprimida, es el que critica Talpade (2002) y la corriente feminista postmoderna. Pero no podemos tener en cuenta sólo la discriminación por sexo, si no que hay varios factores que se añaden como el grupo racial, la clase, la cultura, etc.

Henry A. Giroux (1994, citado por Juliano, 1998) afirma que es a través de las relaciones dominación que se establece el derecho a imponer el propio discurso como válido y que en el mundo actual la dominación de cierto grupo racial (el autodenominado blanco), un género (el masculino) y una determinada tradición cultural (la occidental) coloniza la definición de lo normal, por lo tanto, determina qué tipo de reivindicaciones pueden plantearse como legítimas y posibles.

Hay que tener en cuenta que la relación de género entre el hombre y la mujer africanos, en la mayoría de los casos, es una relación complementaria. Es decir, que el hecho de que las tareas estén divididas por sexo, ayuda a la eficiencia del trabajo de ambos, ya que cada uno está especializado en algunas de las tareas a desarrollar. Dentro de los diferentes roles que puede tener una mujer, como madre, hermana, suegra, esposa, etc, cada uno de esos roles tiene su debilidad y su fuerza, por lo tanto no podemos decir que la mujer tenga el mismo poder en todos los ámbitos. Quizá como esposa tiene menos poder que como suegra. No es fácil determinar el poder real de la mujer, ya que los roles son cambiantes.

De igual manera la importancia de los espacios de poder son muy diferentes. Mientras en Occidente el objetivo es la visibilidad de la mujer en el espacio público y en muchos lugares de África en el espacio doméstico es donde se toman las decisiones y donde hay más poder. La mujer suele ser la responsable de este espacio que abarca desde las decisiones familiares, la economía, la maternidad, etc. Se hace difícil entonces afirmar que la mujer africana no tiene poder.

El desequilibrio económico provocado por los intereses occidentales durante la reciente historia africana, ha provocado que las mujeres tengan que trabajar también fuera de casa para satisfacer las demandas del sistema y las necesidades familiares, teniendo así una doble jornada fuera y dentro del hogar, como también ocurre en Occidente.

Estas características del rol que juega la mujer africana será la que marque el tipo de feminismo que viene a desarrollarse en África, que tiene sus propias características de acuerdo con su cultura y con su realidad.

Es necesario y recomendable que sigan gestándose nuevos movimientos feministas que den respuesta a estas necesidades. Es díficil que un sólo movimiento global consiga unos objetivos marcados a nivel local. Aunque no hay que dejar de lado una lucha común, es gracias a estas particularidades que caracterizan otros tipos de feminismos alternativos al occidental, que se podrán conseguir los objetivos marcados por las mujeres representados en ellos y a la vez el feminismo occidental debe replantearse estas diferencias para incluir a una mayor número de mujeres en sus reivindicaciones.

Notas a pie de página

1 De igual manera que la autora, discrepo en la utilización del término Tercer Mundo por la jerarquía que denota el término. Lo utilizaré para que concuerde con muchos de los textos que he leído para el comentario y en general en temas de Feminismo del Tercer Mundo.

2 IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico. Madrid 2010.

BIBLIOGRAFÍA

Abu-Lughod, L. (2002). Do Muslim Women Really Need Saving? Anthropological Reflections on Cultural Relativism and Its Others. American Anthropologist, (104/3), pp.783-790.

Amadiume, I. (2003) Bodies and Choices: African Matriarchs and Mammy Water. EN: Kum-Kum Bhavnani, John Foram and Priya .A. Kurian. Feminist Futures: Re-imagining Women, Culture and Development.

Hooks, B. (2004). Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista. EN: Traficantes de Sueños ed. Otras inapropiables . Feminismos desde las fronteras . Madrid.

Juliano, D. (1998). Las que saben. Subculturas de mujeres. Ed. Horas y Horas.

Talpade Mohanty, Ch. (2008). Bajo los ojos de occidente. Academia Feminista y discurso colonial. EN: Suárez Navaz, L. y Hernández, A. (Eds). Descolonizando el Feminismo: Teorías y Prácticas desde los Márgenes. Ed. Cátedra, Madrid.

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Anaya, V. (2011). Descolonizando el Feminismo

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Comentarios

2 comentarios en “Descolonizando el feminismo

  1. Amén, hermana!
    Totalmente de acuerdo,
    descolonización del feminismo (y de todo en general) YA!
    Muy chula tu nueva web, sigue publicando!
    Un besote.

    Publicado por Leyre | 18 de julio de 2011, 12:54 pm
  2. Gracias compañera!!me anima que te guste!y que lo encontrases!!
    muchos besos!

    Publicado por veinn | 18 de julio de 2011, 10:53 pm

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