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Miradas de África, Publicado en: www.wiriko.org

Amandla Eyethu! (¡El poder es nuestro!). La música como arma de lucha y protesta social durante el apartheid

Imangen de GAB Archive/Redferns

En esta reflexión pretendo realizar un breve análisis de cómo la historia musical ha ido de la mano de la historia política, siendo una herramienta clave en la lucha social y política contra el régimen y sirviendo como elemento unificador de la sociedad que sufría el duro régimen del apartheid.

Por ello creo imprescindible dar unas pinceladas breves sobre el contexto histórico, político y social en el que tenía lugar el régimen del apartheid, para así poder entender en qué movimientos sociales se apoyaba el arte para, de alguna forma, aunar esa protesta social. Después realizaré un breve recorrido a través de las cuatro (casi cinco) décadas que duró el apartheid, resaltando los principales acontecimientos que tuvieron lugar y en qué medida eso influyó en el movimiento musical y en las estrategias de los artistas de la época.

Como veremos, algunos de esas canciones o danzas, se han convertido, incluso hoy en día, en auténticas armas de lucha política, utilizadas también por la guerrilla y adaptadas, más tarde, por la población, tanto la que participaba activamente y militaba en los movimientos de liberación, como por la población en general. Esto fue posible gracias a que el arte, y más concretamente la música, permitía popularización que esas armas, porque eran de fácil difusión y así llegaban a más gente. Por ello creo que es interesante conocer esta parte de la historia que forma parte de la identidad y de la historia artística y cultural de Sudáfrica.

Breve contextualización política y social desde 1948: el apartheid

Sudáfrica, que tuvo su primer encuentro con los europeos (holandeses) en 1652, ha vivido durante los siglos siguientes, la colonización del país por holandeses y británicos, de las guerras más cruentas del continente en plena entrada en el siglo XX (anglo-bóer) y un régimen que sería la culminación del sistema racista de los siglos anteriores. La dirección que tomaron los acontecimientos en Sudáfrica a partir de los años cincuenta, fueron muy diferentes al resto del continente, donde estaban comenzando las revueltas que darían lugar una o dos décadas más tardes a los procesos de descolonización.

En el año 1948, el Partido Nacional liderado por Malan y aliado con el Partido Afrikáner de Havenga, ganó las elecciones. Esto marcó un empeoramiento de las condiciones sociales para la población negra y un gran auge de la violencia social en el país. Su objetivo principal durante los primeros años de gobierno era asegurar su continuidad y vender la idea del “apartheid” (segregación en afrikáner).

Durante el apartheid, se llevaron a cabo políticas que no hacían más que humillar a la población africana favoreciendo a la población blanca. El encargado de poner a la práctica esta ideología fue el simpatizante nazi Verwoerd, afrikáner que ocupó el cargo de Asuntos Nativos y más tarde, el puesto de Malan (1958) y que aprobó una serie de leyes (Ross, 2006): la Ley de Matrimonios Mixtos de 1949 y la Ley de Inmoralidad (prohibición de matriminios mixtos racialmente), la Política de Preferencia para el Empleo Urbano de 1950 (impedir a los africanos a trabajar en las ciudades hasta que todos los que ya estaban en ellas hubieran sido absorbidos por el mercado de trabajo blanco) y para ello, la Ley de Pases y Documentos para controlar el cumplimiento de la Ley, la Educación bantú, la Ley de Áreas de Grupo de 1950 (División del país en zonas blancas y negras y expropiación de sus lugares de residencia a favor de la población blanca), la Ley de Servicios Separados de 1953 (recintos municipales reservados a una raza, la blanca), la creación de Bantustanes o homelands (territorios considerados independientes de Sudáfrica para la población negra), etc.

A partir de 1960 el régimen del apartheid se endureció. Fue una época de mucha violencia en la que se establecían leyes que permitían la tortura a los desaparecidos, detenidos sin juicios e incluso dispersión de manifestaciones estudiantiles como la de Sharpeville (1960) en la que casi un centenar de estudiantes fueron asesinados y muchos otros fueron heridos de la misma manera que en las manifestaciones de 1976, en las que el gobierno siguió el mismo patrón represivo. Se intentaba censurar incluso la cultura para evitar influencias externas, aunque siguiendo los valores de la civilización cristiana occidental que propugnaban, manteniendo la tradición parlamentaria y sus elecciones, no se podían monopolizar la representación parlamentaria ni tampoco coartar las libertades de los blancos, por lo que no era tarea fácil.

Fueron años de una intensa lucha política también, encabezada en gran medida por el ANC que en el periodo de 1950 al 1955 propugnaba la vía pacífica, y donde participaban también muchas mujeres. La Guerra Fría influyó también en la política anticomunista que llevó a cabo el Partido Nacional, más concretamente con la Ley de Supresión del Comunismo de 1950, prohibiendo el Partido Comunista Sudafricano. A medida que se fue recrudeciendo la política del apartheid, también lo fue haciendo el movimiento. El siguiente lustro se caracterizó también por crisis internas en la lucha: en 1959 se crea el Congreso Panafricanista (PAC) formada por activistas que vivían en SOWETO (South Western Townships) y provenían de un ala llamada africanista, que desconfiaba de los blancos en la lucha común. En 1960 se ilegalizaron ambos partidos pasando a la clandestinidad y a la lucha armada, lo que no significó la aceptación del apartheid sino que había que buscar los canales de reivindicación colectiva (Ross, 2006). De aquí surgieron movimientos inspirados por Steve Biko, un estudiante muy influyente en la lucha política, como Movimiento de Conciencia Negra (1) o el Movimiento de Estudiantes Sudafricanos. Ferguson (2003) habla del fenómeno que surge a raíz de la implantación de los bantustanes, y los llama irónicamente los movimientos “anti-independencia”, que fueron “poderosos movimientos políticos de oposición (…) que arrancaron el ropaje de banderas, himnos y retórica nacionalista para atacar la maniobra política que ocultaban”.

Artivismo: música de resistencia y protesta

Durante las décadas que duró el apartheid el nivel de represión fue cambiado, por lo que la respuesta musical también lo fue haciendo de acuerdo a la realidad política y social que había en ese momento. Lo que sí se puede generalizar es la utilización del arte como herramienta de protesta y resistencia. Las canciones cada época reflejaban la realidad social y fueron una forma eficaz de reconocer y protestar contra un sistema político injusto.

Scott (citado por Schumann, 2008), en su trabajo sobre el arte de la resistencia, afirma que “las tradiciones orales, debido simplemente a sus medios de transmisión, ofrecen una especie de reclusión, control e incluso anonimato, que las hacen ideales vehículos de resistencia cultural”. De hecho el arte tradicional africano, tiene como característica esencial su funcionalidad dentro de la comunidad, por lo que en este contexto, el arte no fue sólo una actividad elitista, sino que fue un movimiento de resistencia cultural popular que jugó un rol importante en la comunidad y en la lucha por la libertad (Williamson, 2004).

El continuo acoso de los músicos fue entendido como algo que formaba parte del régimen. Incluso las luchas individuales de la población, también eran entendidas como el resultado de unas políticas injustas y por ello muchos músicos no consideraban su música como denuncia o protesta social, sino como la descripción de su vida cotidiana marcada por la particular situación política del país. Así todo, y cada vez más, este tipo de canciones fueron interpretadas políticamente.

Miriam Makeba (2), famosa cantante sudafricana, decía (Ewens, 1991, citado por Schumann, 2008): “La gente dice que canto política, pero lo que canto no es política, es la realidad”.

En la década de 1950, se utilizó el contenido de las canciones como protesta, abierta y directamente a los políticos, para denunciar el abuso al que estaba sometida la población negra aquellos años de inicio del régimen llamado ya oficialmente “apartheid”. Seguramente, una de las canciones de protesta más conocidas de la década de 1950, fueron las cantadas por las mujeres en la campaña contra los pases (3). Una de las más famosas fue en 1956: “Hey Strydom, Wathint’a bafazi, así ithint’imbodoko uzaKufa” que se traduce en “Strydom, ahora que has tocado a las mujeres, has golpeado una roca, has desprendido una roca, y serás aplastado” o la de Dorothy Masuka (4) “Dr. Malan Unomthetho Onzima” (“Dr. Malan el gobierno es cruel”). Otra canción que se hizo popular por la posterior adaptación de Miriam Makeba, fue la compuesta por el activista político Mini Vuyisile “Naants’indod’emnyama, Verwoerd bhasobha, naants’indod’emnyama”, traducida como “¡He aquí los negros que avanzan, Verwoerd!. ¡Cuidado con los negros que avanzan!” (Pieterse, 1989 citado por Schumann, 2008).


Los años sesenta tuvieron un inicio dramático por la masacre de Sharpeville que fue seguida del encarcelamiento de los líderes políticos de los movimientos sociales y dejó a la población sacudida, también a nivel creativo, ya que los grandes del jazz, se exiliaron: entre ellos Abdullah Ibrahim, Gwangwa Jonas, Miriam Makeba, Hugh Masekela, Chris McGregor, y Kippie Moeketsie, silenciando así la comunidad musical. Fue en esta década también, que la UNESCO certificó su boicot en 1968.

Por ello desde finales de 1960 y durante la década de 1970 se codifican las letras de las canciones para evitar su censura y las represalias, pero para que a la vez, el mensaje le llegase a la población. El Partido Comunista de Sudáfrica que organizaba eventos para recaudar fondos, utilizaba esta estrategia, por ejemplo. De esta manera se daba lugar a mucha ambigüedad, necesario en un clima político represivo. Otra oportunidad que aprovechaban los músicos para cantar sin tapujos, sin encriptar los mensajes, era en los conciertos en vivo. Además la Dirección de Publicaciones instaura en 1974 el Acto de Publicaciones, que se encargaba de dar respuesta a las denuncias y las quejas de los funcionarios de aduanas e impuestos, de los policías y del público en general sobre las publicaciones. Cuando una publicación era censurada, la Junta de Apelación de Publicaciones confirmaba la decisión de la Dirección (Drewtt, 2003). El mayor problema de esto fue que el Gobierno no sólo utilizaba estas instituciones, que sólo se encargaban de responder a las quejas (no de buscar), sino que utilizaba la Seguridad Interna y Acto de Protección de Información (5) de 1982, para así asegurarse que cumplir su objetivo de censura, ya que por esta vía no era necesario que la Dirección de Publicaciones certificase la censura. El Estado se encargó también de crear el SABC (South African Broadcasting Corporation), que fue una radio que promovía la ideología del “desarrollo separado” y las canciones que consideraba necesarias. Se llamaba Radio Bantú.

El 1974, tiene lugar en la Universidad de Cape Town una conferencia llamada “The State of Arts in South Africa”, que llevó a varias reflexiones acerca del tema. Una de ellas era el porqué de que los artistas negros no participaban cuando estaban invitados a tal conferencia, y también fue el momento en el que los artistas negros empezaron a reivindicar su aceptación en las instituciones culturales.

Otro de los episodios violentos y dramáticos de esta etapa, fue en los levantamientos estudiantiles de Soweto (South African Western Townships), en 1976, concretamente en la protesta por el uso del afrikaans como idioma en las escuelas africanas.

En palabras de Mandela: “Los estudiantes no quieren aprender y los maestros no quieren enseñar en el idioma de los opresores”. Las protestas pacíficas en contra no habían tenido respuesta, por lo que quince mil estudiantes se reunieron en 16 de junio para mostrar su postura. Una vez más, como sucedió en Sharpeville, la policía abrió fuego, matando e hiriendo a muchos de los estudiantes.

Antes de este momento, es otras esferas del arte, éste estaba muy divorciado de la realidad: paisajes, experimentos, fotografía de estudio, etc. (Williamson, 2004). Se empieza también a tomar conciencia y a usar el arte como reivindicación política.

Durante la década de 1980 el mundo artístico fue polémico en Sudáfrica, ya que los artistas utilizaban su arte como “arma de lucha” (Peffer, 2009). La resistencia cultural era una herramienta de inmenso poder en aquel momento. Hubo varios artistas que se encararon directamente con el gobierno, como fue el caso de Roger Lucey, arruinando de esta manera su carrera musical. Otro fue Mzwakhe Mbuli, con sus canciones “Behind de bars” y “Shot down”, que motivó su arresto, encarcelamiento y tortura (Schumann, 2008).

Por otra parte, se dio el proceso de fusión entre músicos negros y blancos, que tocaban juntos a pesar de estar prohibido y a pesar de poner en riesgo su carrera comercial. El músico blanco Johnny Clegg y Sipho Mchunu exploraron juntos la cultura zulú frente una audiencia que había aprendido que la interculturalidad estaba mal (Drewett, 2003).

Como resultado de esa fusión musical grupos como Harari (de Sipho Mabuse) y Malombo tuvieron un nuevo impulso.También surgieron grupos como Sakhile, Bayete, Sabenza, Tananas y Savuka, así como otros grupos locales, que mezclaban diversos tipos de música. Ballantine (1993, citado por Schumann, 2008) afirma que esta fusión fue muy importante ya que, al igual que sus audiencias, los grupos de música rechazaban en su comportamiento y su compromiso, siglos de discriminación racial.

En 1986 el gobierno aprovechó esa tendencia de fusión musical y promovió una iniciativa. La Oficina de Información patrocinó una canción titulada “Juntos construiremos un futuro más brillante” en la que muchos músicos prominentes fueron contratados para cantar en inglés, afrikaans, zulú, xhosa, sotho, tswana y pedi. Fue una inversión económica muy grande, que además supuso un escándalo y el rechazo de la población lo percibió como una hipocresía (Byerly 1998, citado por Schumann, 2008).

El rol de los músicos dentro de la lucha del apartheid se formalizó mediante el South African Musicians Alliante (SAMA) en 1988, centrado en tres libertades básicas: libertad de asociación, libertad de expresión y libertad de movimiento, apoyando además a los artistas que querían salir al extranjero (Drewett, 2003).

Los acontecimiento políticos de 19846 dieron lugar a la declaración del Estado de emergencia, lo que se reflejó también en la música. Sibusiso Nxumalo (activista antiaartheid) afirmaba que estos hechos se reflejaban en las canciones, porque las canciones tenían que articular esta nueva urgencia (Schumann, 2008) y esto es, militarizándolas. No era efectivo intentar negociar con las fuerzas del gobierno blancas, sino que ya había que luchar y pelear por la libertad.

En estos enfrentamientos con las tropas del gobierno, este tipo de música y su danza, el Toyi-Toyi, fue cada vez más frecuente. La facción armada del ANC, el MK (Umkhonto we Sizwe, La Lanza de la Nación), adoptó esta canción. El baile que la acompaña fue utilizada como el entrenamiento físico para la guerrilla y para elevar la moral. El Toyi-Toyi, fue como “un arma cuando no tenías armas, no tenías gases lacrimógenos. Es una arma que se utilizó en la guerra” (Amandla! 2004, citado por Schumann, 2008). Al no poder vencer al enemigo físicamente, se utilizan otras formas de asustarles.
A continuación un extracto de la película Stander que retrata muy bien en que consiste el Toyi Toyi


La liberación de Nelson Mandela de la cárcel en 1990 fue también la inspiración de muchas canciones sobre el acontecimiento. Las canciones eran en su honor, pero también transmitían un sentimiento de esperanza generalizado de la sociedad sudafricana. Los artistas exiliados participaron en la creación de canciones para recoger fondos que iban a parar a las víctimas de la violencia del apartheid.

Dios bendiga a África” que fue una canción prohibida durante el apartheid, hoy en día es el himno de Sudáfrica. Miriam Makeba se encargó de repetirla como testimonio de todos aquellos duros años de lucha.

Consideraciones finales

La música, a veces tiene un significado que va más allá de lo meramente musical, entrando en el terreno político. Sudáfrica, como otros países que han vivido algún proceso político agitado, es un ejemplo de cómo estas manifestaciones artísticas han reflejado el malestar social. Esta denuncia no se quedó sólo en Sudáfrica, sino que se convirtió en parte de la cultura pop occidental a través de canciones tales como “Biko” de Peter Gabriel, campañas como “Sun City”, llevada a cabo por Little Steven o los sucesivos conciertos a Mandela en el Estadio de Wembley en Londres en 1988 y 1990 (Schumann, 2008).

Recordando la idea de que el arte tradicional africano siempre ha tenido una función para la comunidad (Williamson, 2004), se hace comprensible que la sociedad sudafricana haya utilizado este mecanismo como protesta social o incluso como una herramienta de comunicación y de transmisión de ese malestar social y esa repulsión hacia el sistema racista que gobernaba. No sólo la música ha venido a transmitir eso, sino que las artes visuales, como la fotografía, la pintura, los murales, la escultura e incluso cartelería o impresión de camisetas, fueron las vías de transmisión del mensaje. La popularidad de los artistas además, ayudaba a la rápida difusión del éste, por lo que al gobierno intentaba adoptar diversos mecanismos de respuesta que iban desde la censura o represión, hasta la adopción de canales alternativos de difusión, como fue la Radio Bantú. Por supuesto, ni el mensaje era el mismo, ni conseguía neutralizar los movimientos y expresiones artísticas en ese momento clandestinas (sólo conseguían aplastarlas mediante la represión, las detenciones o la tortura).

Por ello, la evolución musical ha ido de la mano de los acontecimientos sociales y políticos desde los años cincuenta, periodo contemplado en este análisis. Las estrategias de los movimientos sociales cambiaban y la música que acompañaba los procesos, también. Lo cierto es que esta función social del arte está presente en casi todas (por no decir todas) las sociedades, incluso en las actuales.

Hoy en día, en cuestión de libertad de expresión, Sudáfrica en una aventajada en comparación con otros países africanos. Una clara muestra de ello es la ausencia de censura del Departamento de Películas y Publicaciones durante estos años de libertad. Ha adoptado este tipo de políticas de reconciliación nacional, para compensar las décadas, incluso siglos, en los que la sociedad sudafricana ha vivido de violencia y dolor. Sólo así, Sudáfrica está pudiendo pasar al siguiente capítulo de la historia, cuya banda sonora es la paz.

¡Os dejo a continuación un corto vídeo para l@s que queráis aprender a bailar el Toyi Toyi para las manifestaciones!;-)

Si lo prefieres, descárgate el

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