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Feminismo Negro

Mujeres y educación: La violencia en las escuelas en Sudáfrica y el ‘Girls’ Education Movement’

Girls Education Movement. UNESCO

El Apartheid que duró hasta hace relativamente poco, dejó como herencia una violencia que aún perdura, marcando a la sociedad sudafricana en varios aspectos sociales y políticos. Las tensiones étnicas están aún presentes y, en parte, como eje de la violencia hoy en día en Sudáfrica. A pesar de las mejoras que ha habido desde el fin del Apartheid, lo cierto es que aún hay varios objetivos por alcanzar para hacer frente a esas desigualdades sociales generadas por razón de etnia, de género o de clase social, tres variables que además están directamente relacionadas entre sí.

Después de 1994 hay varios intentos y tímidas reformas, por integrar a la sociedad sudafricana (clases multi- étnicas, multi- linguas, etc) en una educación en la que se ha intentado acabar con la segregación. Pero lo cierto es que los resultados aún hoy en día son bastante desalentadores. Es difícil acabar con un sistema de organización social e ideológico en tan poco tiempo, y no sólo ocurre en Sudáfrica, basta con echar un vistazo al resto de los países africanos a partir de las independencias. Por ello, y a pesar de que Sudáfrica tiene una de las cuotas más altas del África Subsahariana en cuanto al acceso a la educación, la realidad es que hay un grave problema, una espiral de violencia que en muchos casos gobierna las escuelas y de la que está siendo complicado salir.

Como dice Salim Vally (2002): “Racism in education does not constitute an autonomous form of oppression, but rather is inextricably linked to power relations and reproduced in conjunction with class, gender and ethnic inequalities. ”

Así, la cultura de la violencia está implícita en el sistema educativo sudafricano y a pesar ciertas reformas encaminadas a paliar este problema, como la prohibición de usar el castigo físico en las escuelas en 1997 (heredado de la “Bantu Education” cuando en la época del Apartheid la población bantú, era maltratada y oprimida), en la actualidad existen los mismos mecanismos vigentes, además de otras formas de castigo (sexual, psicológico, etc).

Por otra parte, el clima de violencia generado, hace que en muchas ocasiones el profesorado se sienta también acosado e inseguro, respondiendo a la vez con más violencia, lo que provoca un círculo vicioso con graves consecuencias en cuanto a que los y las estudiantes son educadas en este sistema y por lo tanto los valores que aprenden y asimilan son esos mismos.

Como afirma Hallman (2004) en su informe, después de analizar las estadísticas de su estudio en KwalaZulu Natal, y a pesar del incremento en cuanto al acceso a la educación por parte de los niños y niñas sudafricanas en estas dos últimas décadas, estas mejoras caminan muy lentamente. El proceder de un grupo social históricamente desfavorecido y pobre, genera una discriminación aún patente hoy en día, reduciendo los avances en esta materia.

Violencia sexual hacia las mujeres en el ámbito educativo de Sudáfrica

En la sociedad sudafricana, profundamente patriarcal, las niñas y las mujeres negras son las que más afectadas se ven por estos problemas con la violencia en las escuelas, ya que son las más vulnerables, por ser negras, por ser mujeres y por ser pobres. Por lo tanto, la situación de violencia sexual que sufren tanto en la escuela como en sus relaciones personales, afectan gravemente su rendimiento educativo, así como su continuidad en la escuela, lo que perpetúa la situación de desequilibrio e inequidad en cuanto al acceso a la educación, e incluso en cuanto a la finalización de los estudios.

La violencia sexual es el mayor problema que tienen las mujeres sudafricanas en el ámbito de la educación. Human Rights Watch en su informe de 2001, confirma que esta violencia es habitual en las escuelas, siendo el índice de violaciones uno de los más altos del mundo (Hallman, 2005).

La violencia sexual engloba el acoso sexual, el riesgo de violaciones al ir o venir de la escuela, violaciones en los baños comunes del colegio, abusos y violaciones por parte del profesorado, contagios de VIH, embarazos no deseados, etc. Además hay que añadir la discriminación de las mujeres para participar en clase, o la violencia psicológica a la que son sometidas constantemente porque se encuentran rodeadas por una sociedad en la que hay una fuerte discriminación hacia ellas. A esto se le unen otras circunstancias relacionadas con esta discriminación, como la imposibilidad de acceder a pruebas médicas por razones económicas (pero muy necesarias para ellas), la obligación de las mujeres de cuidar a familiares enfermos, el tabú para hablar de sexo, el miedo a denunciar porque a menudo no se les da credibilidad y se les ridiculiza, la normalización del acoso, la ineficiencia de la escuela para dar una respuesta, etc.

Según Salym Vally (2002) hay estudios que revelan que un 75% de las estudiantes de seis colegios de Soweto, habían sido alguna vez violadas. Las relaciones de poder tienen mucho que ver en esta situación. En el caso de las violaciones (bastante frecuentes) por parte de los profesores a las alumnas, Felicia Williams (2008) afirma: “The age/authority relations between teacher and student are a fundamental structure of schooling that interacts with the gender regime”. Por una parte, la discriminación sexual y por la otra, la educación en torno a las relaciones de género.

Además esta violencia va más allá de la clase social o la etnia. Aunque las mujeres negras y pobres, son más vulnerables, también se dan casos de ataques sexuales en escuelas en las que la población es blanca y de clase alta. Cabe decir de todas formas, que lo cierto es que las escuelas más pobres, se le añade la imposibilidad de acceder a medios para evitar esta violencia: no sería económicamente viable poner seguridad en los colegios que tienen de por sí pocos recursos. Ya en 1993 en la Asamblea General de Naciones Unidas, fue acuñado el término GBV (Gender-based Violence) para hacer referencia a este fenómeno, y que abarca tanto la violencia física, como la psicológica y no sólo el terreno educativo. Por ejemplo, llama la atención el los ataques sexuales, sean en gran medida a niñas y no sólo mujeres adultas. Una de las explicaciones que se maneja para explicar porque un gran número de niñas son violadas, es según Human Rights Watch (2001), el “Mito de la cura virginal” donde los hombres infectados de VIH tienen la creencia de que las niñas vírgenes les limpiarán la sangre (e incluso moralmente) y les curarán la enfermedad, exponiendo a estas niñas a violaciones bajo este pretexto, y como consecuencia, infectándolas desde la pubertad. Este término también se refiere a la violencia de género, violaciones y cualquier ataque por cuestión de género.

Esta realidad provoca, por supuesto, graves consecuencias en la mujer: miedo, ansiedad, desconcentración, falta de interés en asistir a la escuela, frustración, fracaso y abandono escolar, etc. que provoca que las estudiantes no sientan las escuela como un lugar seguro, cambien de colegio, o simplemente opten por dejarlo (Human Right Watch, 2001). Esto genera consecuencias en el conjunto de la población femenina, ya que de nuevo los índices de escolarización femenina son más bajos, generando un menor acceso al mercado laboral, sueldos peor pagados y la perpetuidad de la situación de feminización de la pobreza, que además estará provocada, no por la falta de interés de la estudiante, sino en muchos casos por una simple cuestión de inseguridad en el entorno escolar.

Sudáfrica tiene como reto hacer frente y erradicar esta situación que deja claro cual es la prioridad de las instituciones educativas africanas para conseguir erradicar esta violencia.

Girls’ Education Movement (GEM)

En el año 1996 el Departamento Nacional de Educación creó el Gender Equality Task Team (GETT) para analizar y lograr una mayor equidad entre hombres y mujeres en el ámbito de la educación. A raíz de uno de los informes de GETT, surge el Comité Coordinador Nacional de Género, cuyo funcionamiento no fue el esperado por temas presupuestarios y de organización interna, pero que a lo largo de estas últimas décadas ha hecho varias avances sobre la materia (aunque en muchos casos no los suficientes).

A continuación pongo algunos ejemplos (Chisholm, L. 2005):

  • Mecanismos para evitar los ataques sexuales: proyecto para que las mujeres analicen sus propias relaciones y actividades a fin de prevenir abusos sexuales.
  • Hablar abiertamente sobre abusos sexuales: romper el tabú en torno al tema, mediante una campaña que se hizo en 1998 (Culture of learning and teaching).
  • Dimisión de los profesores que cometan crímenes contra los alumnos (Ley del año 2000). – Información para educadores y escuelas sobre las políticas para luchar contra el abuso en las escuelas.
  • Manual sobre escuelas seguras.
  • Directrices en caso de acoso sexual.
  • Directrices en caso de embarazos prematuros.
  • Guía de trabajo para educadores sobre temas de equidad de género.
  • Boy Empowerment Programme: con el fin de implicar a los hombres en la lucha contra la violencia de género.

En el año 2003 el Ministerio de Educación sudafricano junto con UNICEF, pusieron en marcha el Girls’ Education Movement (GEM), otra de las iniciativas clave y que complementa las comentadas anteriormente. Parte del principio teórico, de que la cultura se adquiere a través de la socialización, y que la socialización se hereda a través de prácticas culturales y creencias que se transfieren posteriormene al entorno escolar. Por lo tanto, intenta combatir la socialización negativa que proviene de un entorno violento (Wilson). Su objetivo general es el de contribuir a mejorar la calidad de vida de niños y niñas de Sudáfrica, combatiendo la inequidad de género y promocionando las escuelas seguras.

Bajo la idea de que las inversiones en beneficios para las mujeres, son inversiones para la sociedad, GEM trabaja para mejorar el acceso a la educación a las niñas, mejorar la calidad de la educación, concienciar sobre temas de género, crear escuelas seguras, trabajar con los jóvenes en en temas de machismo, reducir la violencia de género y abolir prácticas como el matrimonio prematuro (Informe de la UNESCO sobre GEM).

El programa se ha implantado en las 9 provincias de Sudáfrica, haciendo que muchas de las escuelas de esas provincias, integren el GEM en su forma de funcionar para promover la educación de las niñas y mujeres. No se presenta en las escuelas para tratar directamente el GBV (Gender-based violence) o sobre el propio programa GEM, sino que se realizan actividades para desarrollar capacidades en el alumnado y que se den el un entorno de comunicación, seguridad y solidaridad en las escuelas, basado además en la importancia de la equidad de género y en los valores por los que trabaja el GEM.

A pesar de su implantación, como estrategia de trabajo para luchar contra esta realidad, lo cierto es que como muchos programas de este tipo y de estas dimensiones, no siempre llegan a alcanzar sus objetivos. Aún hay muchas escuelas que ni siquiera han oído hablar del programa, hay niñas que siguen sin denunciar los casos de abusos que han sufrido, muchas escuelas siguen siendo inseguras, etc. Por otro lado esta la posición de muchos padres y madres de las propias niñas que participan, que ven el programa como una amenaza a la tradición, o porque piensan que la niña se volverá desobediente.

Esto no significa que el programa no esté funcionando, ya que hay muchos casos en los que se ve claramente que muchas niñas, se van sintiendo cada vez más empoderadas y concienciadas con respecto a sus derechos y en algunos lugares y colegios se han logrado mejorar sustanciales y de trabajo en cooperación entre alumnado, profesorado, educadores sociales e instituciones.

Conclusión y recomendaciones

A la hora de analizar el sistema educativo de Sudáfrica, y sobretodo centrándonos en el enfoque de género, sorprende que mucha de la información sobre la educación, esté directamente relacionada con la violencia en las escuelas, que sufren especialmente las mujeres y niñas. El acceso a la educación de las mujeres (y en general) no es tan problemático como en otros países africanos, ya que Sudáfrica es uno de los países con una de las cuotas más altas de acceso a la educación (UNESCO, 2005), pero como contrapartida tiene el lastre de la violencia en las escuelas.

Puede ser complicado romper con las herencias del pasado histórico, y cambiar los vicios y creencias arraigadas a lo largo del último siglo, también en el ámbito de la educación, los valores y los roles de género ya tan asimilados por una sociedad patriarcal. Pero es importante, que los educadores se conciencien de estos aspectos relacionados con la equidad de género, la importancia de que las mujeres puedan acceder a la educación y que no sean discriminadas, y del cambio de mentalidad que hay que hacer para eliminar la violencia en el ámbito educativo (violencia de todos los tipos, pero en especial la sexual). Es imperativo este cambio de mentalidad de todos los actores para que la violencia genere más violencia y que se consiga erradicar la espiral creada. Es la propia educación la que puede generar unas herramientas y alternativas para ello.

Sería muy positivo trabajar el tema e implicar al conjunto de la sociedad. Por ejemplo, la inclusión de programas educativos donde se trabajen los Derechos Humanos, la igualdad de género, la multiculturalidad y multietnicidad (característica de la sociedad sudafricana), etc. A la vez, la concientización a los padres de las niñas sobre los problemas que existen en este entorno, es básico para que entiendan cuáles son los objetivos de este tipo de proyectos y por qué es importante que las niñas (sus hijas) participen. Quizá romper con los tabús en torno a ello, puede generar un diálogo y visibilizar el problema, para acabar con el desconocimiento y así generar una denuncia social. Si se consigue que varias partes sigan trabajando en cooperación se podrán obtener unos mejores resultados ya que el trabajo colaborativo es clave para implicar a todos los sectores de la sociedad: padres y madres, alumnos y alumnas, gobiernos, profesorado, movimientos sociales y el conjunto de la sociedad.

Por otra parte, la educación sexual, debe ser un pilar básico del programa educativo. Las altas tasas de VIH la hacen necesaria para hacer frente a una epidemia que provoca que Sudáfrica sea el país con la tasa más alta del mundo. Pero este tipo de iniciativas tienen que ir acompañadas de este trabajo colaborativo ya que una vez se conciencie a la población sobre la equidad de género en la sociedad, la mujer tendrá más capacidad de decisión sobre su propio cuerpo y sus relaciones.

Bibliografía

  • Chisholm, L. y September, J. (2005). Gender equity in South Africa education 1994-2004. Perspectives from research, Goverment and Unions. Human Sciences Research Council. Cape Town.
  • Hallman, K. (2005). Sexual Violence and girl’s education in South Africa. Population Council, New York.
  • Hallman, K. y Grant M. (2004). Poverty, Educational Attainment, and Livelihoods: How Well Do Young People Fare in KwaZulu Natal, South Africa?. Horizons Research Summary, Population Council. Washington, D.C. http://www.popcouncil.org/pdfs/horizons/ythkznsum.pdf
  • Human Rights Watch (2001). Scared at School: Sexual Violence against Girls in South African Schools. New York. UNESCO.
  • Girls’ Education Movement. South Africa. UNESCO (2005). Millenium Development Goal Country Report: South Africa.
  • Vally, S. con Dolombisa, Y. y Porteus, K. (2002). Violence in South African Schools. Educational Policy Unit of University of the Witwatersrand. Current Issues in Comparative Education, Teachers College, Columbia University.
  • Wilson, F. Gender Based Violence in South African Schools . Directions in educational planning: symposium to honour the work of Françoise Caillods.

Descárgate el PDF aquí.

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